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El Internet de la salud

15 octubre, 2019 Agrobioteg

En algún punto de nuestras vidas todos hemos acudido a una revisión médica. El procedimiento habitual es informarle al médico las anomalías de las que nos percatamos, es decir, nuestros síntomas. Posteriormente, el médico nos prescribe un tratamiento que nos ayudará a sanar. ¿Alguna vez te has puesto a pensar en qué pasaría si, cuando acudes al médico, él ya tuviera tus registros de temperatura, glucosa, hábitos alimenticios, frecuencia cardíaca, ciclos de sueño-vigilia y biomarcadores de salud? Todos obtenidos de manera no invasiva por medio de sensores portátiles, conectados a la piel, la ropa o contenidos en celulares. Diversos avances tecnológicos en el campo de la medicina y telecomunicaciones están a punto de hacerlo realidad.

Todo comenzó hace aproximadamente 20 años, cuando la humanidad estaba por pasar a un nuevo milenio y cintas cinematográficas como “Volver al futuro” advertían grandes avances tecnológicos, desde los tenis autoajustables hasta las patinetas voladoras; los libros de Isaac Asimov prometían una sociedad asistida por robots, que incluso ayudarían en tareas del hogar y otras actividades que podrían ser peligrosas para el ser humano, salvaguardando la integridad del mismo mediante las tres leyes de la robótica.

Es esos tiempos también se comenzó a escuchar un término futurista que actualmente es considerablemente conocido y que cada vez se escucha más en diferentes ámbitos, se trata del “internet de las cosas” o  IoT por sus siglas en inglés. En 1999 Kevin Ashton, cofundador y director ejecutivo del Auto-ID Center del MIT, estaba trabajando en tecnologías como RFID (identificación por radiofrecuencia) en red y tecnologías de detección emergentes. En ese año mencionó por primera vez el internet de las cosas en una presentación que hizo a Procter & Gamble.

En aquel año previo a iniciar el nuevo milenio, Ashton creía que a pesar de que se contaba con una abrumante cantidad de datos (50 petabytes para ese año) disponibles en internet, estos dependían en su totalidad de los seres humanos. El problema radicaba en que la gente tiene tiempo, atención y precisión limitados, es decir, no podríamos capturar satisfactoriamente datos sobre cosas en el mundo real. Por el contrario, si se delegara dicha tarea a las computadoras podríamos rastrear y contar todo, sabríamos cuándo necesitamos reemplazar, reparar o recordar cosas.

La visión de Ashton se comenzó a materializar entre el año 2008 y 2009, introduciendo un cambio radical en la calidad de vida de las personas, ofreciendo una gran cantidad de nuevas oportunidades de acceso a datos, servicios específicos en la educación, en seguridad, asistencia sanitaria o en el transporte, entre otros campos.

Actualmente, cuando se habla de internet de las cosas automáticamente pensamos en un sistema de dispositivos interconectados, en donde una cosa puede ser una persona con un implante de monitoreo de corazón, un animal de granja con un biochip, un automóvil que tiene sensores incorporados para alertar al conductor cuando la presión de los neumáticos es baja, o cualquier otro objeto natural o artificial al que se puede asignar una dirección IP y darle la capacidad de transferir datos a través de una red.

El internet de las cosas tiene un amplio espectro de aplicación. Por ejemplo, un artículo publicado en ASC Sensors describe como un grupo de investigadores colocaron sensores no invasivos en animales marinos para recopilar información ecológica, que va desde comportamientos alimenticios, hasta migración de ciertas especies. Los investigadores conectaron un sensor de movimiento de mandíbula a la boca de una tortuga marina, el cual proporciona datos sobre la anatomía específica del animal, además de poder revelar información detallada sobre el tipo de alimento y la temporalidad de la alimentación, así como la manera en la que la tortuga capturó a la presa. El equipo enfatiza que cada sensor forma una imagen parcial pero incompleta del estado físico de un organismo, lo que requiere el uso de múltiples sensores.

Esta tecnología tiene un gran potencial para revolucionar la medicina humana, debido a que la idea de que todo el mundo físico esté conectado a internet no excluye el día a día del ser humano. El contar con datos recopilados por sensores no invasivos, nos proporcionará información certera sobre nuestra frecuencia cardíaca y niveles de actividad en tiempo real. Además, podría indicarnos las concentraciones dinámicas de glucosa e insulina, cortisol, dopamina, fibrinógeno en suero y un una amplia cartera de biomarcadores de la salud humana. El análisis correcto de esta información le permitiría a los médicos ofrecer un diagnóstico altamente detallado e incluso se podrían prevenir ciertas enfermedades.

Al igual que en los estudios con animales, un desafío para la medicina humana será desarrollar sensores cómodos que no afecten el comportamiento de las personas y recopilen datos que aumenten la certidumbre del estado de salud de las personas en tiempo real y así consolidar el “internet de la salud”. Si tienes una idea, desarrollo tecnológico o proyecto enfocado al internet de la salud, contáctanos y sé uno de los pioneros de esta nueva era de la medicina humana.


Fuentes:

TECHpedia:

ScienceDirect:

CISCO Systems:

SpringerLink:

ACS Sensors:

IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers):

 

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